
ANTES DE LLEGAR AL SITIO RECOMENDADO por su amigo Bernalba, Saldovando hojeó el periódico del día. Una huelga de "canillitas" impedía el acceso a la información por parte de los lectores. Se sabía que los repartidores de diarios llevaban a cabo una forma de protesta extraordinaria: no obstaculizaban la salida del periódico, sino que alteraban las noticias, modificaban su contenido, cambiaban los titulares de primera plana, de modo que nadie podía sentirse seguro de estar leyendo información fidedigna. De cualquier modo, en esta ocasión, el falso titular, la falsa noticia, era la huelga de los "canillitas".
Caminó un poco más mientras fumaba su interminable cigarrillo hasta que llegó al pie del edificio del Observatorio. Era una torre más bien baja, o al menos los nuevos rascacielos le habían ganado en altura, que parecían mirarlo del mismo modo que uno mira a un enano sentado al lado. No había niguna indicación que sugiriera la entrada, hasta que una voz metálica llegó desde el portero eléctrico:
_¿Saldovando? ¿Simple Saldovando?- sin que el ladrón alcanzara a responder, la voz continuó- Soy el doctor Brodsky, Martin Brodsky. Pase, lo esperábamos.
Inmediatamente, un asecensor de caracol llevó al perplejo Saldovando hasta el piso en cuestión. El lugar parecía extraído de un cálido relato de ciencia fición: era un enorme salón en penumbras, de grandes vitrales oscuros, y plagado de telescopios, lentes, cámaras fotográficas y otros innumerables instrumentos de medición, observación y diagnóstico. En cada uno de ellos había un operador tan concentrado en su tarea que ni siquiera giró su cabeza para advertir al recién llegado.
_No se preocupe, amigo, ellos no pueden desviar la vista de sus objetivos.
_¿Doctor Brodsky?- se dieron la mano con fuerza, o quizás entusiasmo. El doctor era un remedo de la torre en su altura, usaba cuatro pares de gafas a la vez, y sonreía con dientes de marfil. Saldovando trató de encauzar la conversación hacia su interés y evitar más prólogos.
_Bernalba sugirió que ustedes sabrían algo acerca de un libro que busco.
Pero Brodsky tenía planeado continuar con sus explicaciones.
_El Observatorio es una repartición oficial dedicada a testificar de modo ciego, sordo y mudo cada acontecimiento que ocurre en la ciudad. Todo hecho, por insignificante que aparente ser, es analizado con el máximo rigor científico por nuestro equipo de psicólogos, antropólogos, sociólogos y artistas; quienes miran todo el tiempo a través de las indiscretas ventanas a su disposición. Luego anotan, comparan, conjeturan y deshechan, según lo que han visto el día anterior respecto al mismo objetivo observado. O sea que la información es permanentemente actualizada cada veinticuatro horas.
Saldovando hizo un nuevo intento:
_La Marabiblia, así se llama el libro.
_Lo hemos estado observando desde que fue invitado por el intendente a su despacho. Esta oficina funciona hace varias décadas, así que poseemos las vidas completas de la mayoría de los ciudadanos que recorrieron nuestras calles.
Finalmente Brodsky había conseguido interesarlo en su proyecto.
_¿Cómo es que nadie sabe de este lugar?
_Porque quienes lo conocieron ya no viven para difundirlo, y tampoco serviría de nada. ¿Quién querría ser observado todo el tiempo sin que ésto le signifique un beneficio cuanto menos económico? Nuestra minuciosa, exhaustiva mirada hacia cada habitante es parte de un proyecto conjunto de la Antigua Municipalidad, la Sociedad de Fomento Científico de la Iglesia Heterodoxa, y la Comisión de Apoyo de lo Insostenible del Barrio Terminal. La idea era hallar una observación que diera sentido a cada movimiento individual, para que esto tuviera como fin un solo movimiento en su totalidad. Se trataba de encontrar un hecho crucial, determinante, unívoco en la historia de nuestro pueblo.Un amor que no fracasara, una vida que no concluyera, un hombre feliz. Pero la ciudad ha crecido demasiado y ese hecho aún no ocurre. Tan es así que en las primeras épocas nuestra torre era la más alta, y hoy ya no podemos observar con claridad a nuestro alrededor- tragó saliva y siguió, sus palabras parecían haber sido estudiadas desde hacía mucho tiempo para esta oportunidad- ¿No se ha sentido usted alguna vez observado mientras camina por la calle, señor Saldovando? Pues sólo eso es lo que hemos logrado, una sugestión colectiva por el peso de nuestra tarea. Todos en algún momento creemos ser perseguidos por una mirada, y culpamos a la sociedad y sus prejuicios. No. Somos nosotros.
_¿O sea que ustedes son testigos de todos los sucesos de la historia de la ciudad? Podrían resolver varios problemas a muchos historiadores. Incluso crímenes.
_¡Oh, no! No nos inmiscuímos en la tarea de los historiadores, de hecho, aquí tenemos a tres que no logran ponerse de acuerdo sobre una misma observación.¿Verdad, muchachos?
_Así es.
_Claro que no.
_Quizás en cierto sentido- respondieron y se dieron vuelta para retomar sus teleobjetivos.
_¿Lo ve? Además tampoco les sería útil. Nunca nada de lo que se observa es definitivamente cierto. Las verdades son relativas, lo que hoy es una evidencia incontrastable, mañana lo será también, y pasado tal vez no. Nuestros ojos son falibles, humanos, miserables, parpadean cada unos cuantos segundos.¿Sabe cuánto material observable perdemos en esos parpadeos?
Saldovando no encontraba la forma de volver aprovechable la visita. Miraba alrededor y apenas podía moverse. Al fin volvió a preguntar:
_¿Quién financia el proyecto?
_Al principio, las Instituciones que le mencioné antes. Pero una vez que comprobaron la efectividad del sistema y ellos comenzaron a corromperse nos abandonaron. Cuanto más secretamente los observábamos, más mentiras, falsías y decadencia moral desnudaban. Así que, hubo que negociar con su propia moneda. Los extorsionábamos. Tuvieron que darnos millones a cambio de nuestro silencio. Por ello mismo, sin embrago, hoy estamos casi en la ruina.
_¿En serio?
_Ajá. Ya no les molestan nuestras extorsiones y chantajes. La sociedad ha derivado hacia una impunidad tan instituída, que ya no les preocupa que la verdad sobre sus negocios turbios salgan a la luz. Todos están tan corrompidos que descreen de los chanchullos del otro...- Brodsky parecía fatigado. Tomó un vaso con agua y luego de una tosesita aseveró:
_Usted es nuestra esperanza. En el libro que su amigo refirió quizás encontremos alguna respuesta. Su amigo creía que uniendo todo nuestro archivo se formaría La Marabiblia, una especie de contracción del espíritu humano, una descripción del alma que diera lugar a una imagen única, un dibujo que resistiera a toda interpretación, que en su univocidad sentenciara la perfección y su modo de concebirla. Pero, como usted sabe, su amigo Bernalba trabaja de día para recuperar el libro y de noche para destruirlo. O sea que todo lo que le pudo ser de utilidad en esta charla que se ha desarrollado durante las horas de luz, se volverán en su contra en unos cuantos minutos más, cuando el sol haya caído. Le recomiendo que se vaya entonces, Saldovando. Para que todo esto haya sido positivo para su plan. Hasta luego.
Brodsky giró sobre sus talones y se internó en el inmenso laboratorio, junto a sus discípulos, enfrascados en miles de observaciones. Saldovando bajó rápidamente, y ganó la vereda. Aún sobrevivía el crepúsculo. Se llevó las manos a los bolsillos del saco y halló algo dentro: un par de gafas de los cuatro que utilizaba Brodsky. Una pequeña etiquetita en uno de los lentes recomendaba usarlos siempre para leer. Siempre. Aunque no eran de aumento. Se los guardó de nuevo y se encaminó a su casa.
Al llegar a la esquina un diariero vociferaba que la huelga de "canillitas" continuaría.
*La obra que ilustra el relato se titula "Golconda" y pertenece a René Magritte