CAPÍTULO 26 / SUEÑO (reveladilla)

SIMPLE ABRIÓ LOS OJOS DE NUEVO, como si fuera el trabajo más pesado de cada mañana y del que no podía rehusar. En el cielorraso oscuro parpadeaban cientos de estrellas. No se debe despertar a mitad de la noche, es como quedarse varado en una banquina del tiempo, es inútil “hacer dedo”, y ya no se puede seguir.

A su lado, esta vez, estaba Nancy. Nancy Rix, la chica con la que nunca lograba amanecer. Pero estaba. Se despabiló de pronto. La tomó por la nuca y le rodeó la cintura, luego de lo cual la besó con la intensidad del condenado a muerte. No podía soltarla, todos sus actos parecían inconscientes, manejados por un titiritero. Apenas pudo Saldovando llegar a gozar esa cercanía, cuando cayó en la cuenta. La muchacha estaba muerta.

Su aliento quieto, su piel ausente, su cuerpo ataviado de sombra, le recordó de repente que podría tratarse de uno de esos endiablados robots fabricados por los delirantes de “La hora”. Esperó vanamente que sus pupilas reflejaran el mundo. Sintió la yema de sus dedos acariciar la piedra, sintió que todo escapaba de sus manos como la arena y el viento.

De pronto habló. O trató de decir algo que sonó incomprensible, como cuando se trata de sintonizar el dial correcto de una radio. Su voz no parecía corresponderle, no venía de su garganta.

_ Voy a prepararte un té. Sé que te encanta el té de Ceilán – se incorporó y se dirigió a la cocina, eludiendo los rincones de la oscuridad como un murciélago.

Simple la siguió como si esperara que algo aún más extraño ocurriese. Tal vez eso que esperaba era cualquier explicación. Como fuera, al rato ambos estaban mirándose a los ojos, y disfrutando un sabroso té.

_ No dejes de buscar el libro, Simple. Aún vale la pena ir tras él. Todo lo que allí dice no alcanza más que para comenzar a explicar el mundo, pero es algo. No hay secretos. La clave es la Ciudad. Tresarroya. Hay un modo de escapar de ella, del mismo modo que uno lo hace al concluir la lectura de un libro.

_ Ya veo. Hay que saber leer la ciudad. ¿Y por qué razón Reina se opondría tanto a ello? ¿Y por qué su… la mujer que lo acompaña, estaría tan interesada en el libro?

_ Porque lo que le conviene a ella lo arruinaría a él. El proyecto desbocado del periódico La Hora ha marcado desde principios del siglo pasado el destino secreto de Tresarroya. Reina y su mujer, o, la mujer que lo acompaña, son dos personajes secundario de la trama, y sin embargo, tan importantes como para destejer el relato hasta se desaparición.

Saldovando corrió sus ojos de los de Nancy y notó que ella seguía mirando fijamente, sin haber notado el movimiento, como si recitara un argumento memorizado horas antes para esta ocasión. Y el té no sabía a Ceilán.

_ ¿Quién es ella, Nancy? ¿Quién es la mujer que está siempre junto a Reina? – Simple pareció molesto.

_ No lo sé realmente. Pero está perdiendo control sobre el intendente. Comenzó dictándole cada palabra que debía decir, pero poco a poco, Reina logró resistirse a su manipulación. O es otra forma de manipularlo, vaya a saberse. Lo cierto es que su influencia es hoy casi nula. Temo por la integridad de esa chica.

_ Vos lo dijiste. “Esa chica”. Ahora es una chica. Pero cuando yo tuve mi primer entrevista con ambos, ella era una mujer joven, pero madura.

_ Aunque supongo que no podrías asegurarlo por permanecer ella siempre en rincones penumbrosos de la oficina.

_ Así es.

_ Voy a decirte algo, Simple – ella se acercó casi suplicante, recorriéndole el rostro con la mirada. Ahora su semblante cobraba vida. Inmediatamente agregó:

_ No gdfqoeij piensoghekan—c?¡.flº32v………………………….

_ ¿Qué pas…? – atinó a decir Simple.

_ Está despertand… ksjdg fiu wrroro0’56$$%&%---------……….

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Reina se restregó los ojos hinchados. Había sido una noche densa, pródiga en interrupciones oníricas. Empujó su cuerpo hasta el baño y se detuvo en el espejo del botiquín, antes de abrir la ducha. Se miró fijo, como si tratara de encontrarse alguna diferencia con su mismo rostro del día anterior. Quizás la había. Había descubierto secretamente lo que tanto temía.

Que era un robot.

Que su cerebro fabricaba sueños que se representaban en la vigilia.

Que debía matar a Nancy Rix.

Que primero desayunaría.